domingo, 5 de noviembre de 2017

LA HINOJOSA DEL BRIGADIER ROMERO


© María Dolores Rubio de Medina, 2017


Don Francisco de Paula Romero y Palomeque, nació en Sevilla en 1811 y fue el tercer hijo de los Condes de Monteagudo, don Pablo Romero y doña Lorenza Palomeque. Era hombre pródigo en apodos, pues fue conocido como el Condesito –en Hinojosa–, Mil hombres, Romero o el Brigadier Romero –nombre que lleva una calle de Hinojosa–. Sobre su vida, especialmente sobre sus hazañas bélicas, gira el contenido de su biografía, que fue escrita por Alberto Risco y se titula Don Francisco de Paula Romero y Palomeque (Madrid, 1917, 620 páginas). Sin embargo, para tener conocimiento de la biografía de este personaje, recomiendo consultar cualquier enciclopedia, pues esta entrada tiene la finalidad de señalar los aspectos del libro que considero más interesantes en relación con Hinojosa del Duque.
Portadilla de la biografía escrita por Alberto Risco.

En la obra se menciona con relativa frecuencia a Hinojosa, como corresponde, al ser un lugar habitual en las idas y venidas del protagonista a lo largo de su vida. Sin embargo, pocas veces se describen los escenarios o la disposición urbanística de l pueblo, su economía o el carácter de sus habitantes, a pesar del sorprendente apego que tiene por esta localidad el Brigadier. Por estas razones, solo mencionaré los párrafos que considero significativos; ahora bien, advierto que el libro es una proclama elogiosa sobre un personaje para investirlo de los atributos correspondientes a los héroes, por lo que está escrito bajo una óptica que sería impensable reproducir hoy en día. Este enfoque resulta compresible cuando reparamos en que fue escrito a principios del s. XX, siendo su fuente principal las notas tomadas por el propio Brigadier, por lo que se comprende su carácter elogioso, puesto que todos tendemos a hablar de nuestras habilidades, antes que de nuestros defectos. 

De los hechos relacionados con Hinojosa, me han llamado la atención cuatro aspectos: a) La austera descripción de Hinojosa, realizada muy a lo Fernán Caballero, con ciertos tintes negativos. b) La mención a una casa, en la que hoy se encuentra el conocido «Mesón el Condesito», edificio que aún conserva no solo los vestigios de la disposición carcelaria que tuvo, sino también parte de los elementos citados en el libro. c) La descripción del clima de Hinojosa. Y, d) el componente bélico de la obra que acaba siendo absorbido por la fuerza de la religión. Paso, pues, a reseñar esos puntos:

I. En Hinojosa del Duque se encuentra la casa solariega en la que el Brigadier, de niño, pasó sus vacaciones, viviendo sonadas aventuras con los animales del corral. De joven, Hinojosa y sus alrededores fueron el lugar ideal para que nuestro personaje practicara la caza (codornices, conejos y jabalíes) y se ejercitara en el arte de estar en forma para la guerra. De maduro, el pueblo donde recargaba las pilas de la dureza de las contiendas y dónde se refugió su familia de los desordenes causados por los conflictos políticos y bélicos. Ahí nació el segundo hijo del primer matrimonio del Brigadier con la bilbaína doña Facunda de Bolloqui, de la que enviudó pronto. Cuando contrajo su segundo matrimonio con doña María de los Angeles Balmaseda y Gómez de Bravo, de Cabeza del Buey, las estancias del Condesito se orientaron al pueblo de su mujer; lo que resulta comprensible, entre otros beneficios, por sus mejores medios de comunicación, puesto que se trata de una localidad que disponía –y dispone– de ferrocarril. De hecho en el libro se menciona que la reina Isabel pasó por la estación de Cabeza del Buey en 1867, camino de Lisboa (Risco, 1917 : 541). De viejo, Hinojosa fue para el Brigadier el lugar en el que esperar la muerte.

Sin embargo, pese a estas continuas referencias, hasta las págs. 81 y 82 del libro, no encontramos la primera descripción del pueblo, que «…se tiende sobre una inmensa planicie de tierra arcillosa y productiva, casi sin más declive que un montículo, cuya falda arranca de las últimas casas del pueblo, sube en caprichosa ondulación y termina en una meseta estrecha, lo suficiente para servir de pedestal a una ermita pequeña, pero hermosa, llena de monumentos que garantizan la piedad y la acendrada fe del pueblo, y a la cual los habitantes llaman sencillamente El Cristo.
Desde aquel mirador, fabricado por la mano de la naturaleza, divísanse en las lejanías del horizonte, que cierra la vega, algunos pueblos, blanqueando entre el gris ceniciento de la roca unos que hoy han caído a tierra, azotados por la mano de la emigración y del hambre, y otros que han subido como la espuma, enriquecidos con los productos de las famosas minas. Uno se conserva lo mismo que antaño, tan viejo, tan imperturbable, sentado a la sombra del despotricado alcázar nazarita, como uno de esos viejos patriarcas de pueblo, que ni necesita de la civilización para ser feliz ni tiene empeño ninguno en remozarse con los revoques coquetones de las urbes modernas. Ese es Belalcázar, tan próximo a Hinojosa, que muchas oraciones saldrían por la mañana desde las estrechas ventanas de Belalcázar y llegarán en un abrir y cerrar de ojos hasta el Cristo de Hinojosa, como bandadas de torcaces palomas, que van a posar su vuelo en la cruz donde remata la linda ermita». 

Belalcázar, vista desde lo alto de la loma donde está situada
la ermita del Cristo de las Injurias. 9 kms. separan a ambos pueblos.

Recomiendo tranquilidad para los zorrunos, pues también Hinojosa es descrita de forma anodina e insignificante como pueblo. El libro se limita a mencionar, la mayor parte de las veces a Hinojosa vinculándola con sus monumentos religiosos, sus aires serranos o su caza. Conviene recordar que otros autores han insistido en descripciones negativas de Hinojosa, como es el caso de Fernán Caballero en La Farisea quien dice que «Hinojosa es un pueblo de Extremadura, grande, tranquilo y triste, asentado en una llanura; sus horizontes los forman montes que lo encierran en su llano y hacen difíciles todas las comunicaciones. Apartado de las pocas carreteras que cruzan á España, puede que deba su sosiego á su aislamiento. 
Al salir de una dehesa de encinas, se atraviesa un llano ó prado, en el que en verano se disponen las eras, y se llega á una gran cruz de piedra que sobre su frente lleva el pueblo en señal de cristiano: álzase sobre gradas, que sirven de asiento á los pasean tes. A la entrada del pueblo se vé el pilar (…)» (Caballero, 1902 : 53).

Ambos autores describen Hinojosa desde ángulos opuestos. Desde el Cristo, Risco; y entrando desde la carretera de Córdoba, Fernán Caballero; sin embargo tienen un punto en común y es que sus descripciones confluyen en las fuentes de la localidad como elemento identificativo, así por ejemplo, Alberto Risco escribe: «El Condesito y su tío han subido a rezar un Credo y al mismo tiempo a esparcir su vista por aquel abierto panorama que se tiende a sus pies. Después de sentarse un rato en el poyo del vestíbulo, que da acceso a la capilla, con verdadera fruición, recibiendo a dos pulmones el aire serrano impregnado en esencia de tomillo, que en cada bocanada lleva al organismo un año de vida, comenzaron a descender por aquella sierpe que se arrastra desde la plazoleta, y bajando en curvas elegantes se mete en las primeras calles del pueblo, por detrás de la fuente pública» (Risco, 1917 : 82).

Uno de los poyos exteriores de la ermita de El Cristo,
el poyo del vestíbulo no existe en la actualidad.

Las Concepcionistas de Hinojosa, delante el Pilar.
La fotografia procede del "Portafolio Fotografico de España. Andalucía.
Provincia de Córdoba", principios siglo XX.


II. La primera referencia que el libro realiza a Hinojosa es para describir la casa solariega en la que pasó grandes temporadas la familia del Brigadier y que pertenecía a un hermano de su madre, don Francisco Palomeque. Esta casa no llegó a ser heredada por el propio Condesito porque la esposa de su tío optó por dejarla en herencia a sus propios sobrinos (Risco, 1917 : 87). Posteriormente, nuestro personaje estableció «(…) sus cuarteles de reemplazo en casa de su tía Bernarda Palomeque, prima hermana de su santa madre…» (Risco, 1917 : 409). Esta casa, junto con las fincas, si fueron heredadas en su momento por el Condesito (Risco, 1917 : 434). Sin embargo, su querencia por Hinojosa no llegó al punto de acapararla, pese a sus medios económicos; así por ejemplo, cuando en 1876 se pusieron en venta las dehesas que formaban los propios de Hinojosa del Duque, sus amigos le escribieron para que adquiriera alguna de ellas, a lo que se negó por entender que como no era vecino de Hinojosa –residía en Cabeza del Buey– no tenía derecho a poseerlas, no siendo de su gusto el hecho de poder ser objeto de una reclamación judicial por parte del pueblo de Hinojosa por no ser residente. Hombre de honor, por tanto, de los que hoy, a nivel político, andamos tan escasos. 

La fachada de la casa en la que pasó parte de su infancia el Brigadier Romero, en la actualidad.

En la casa que perteneció a don Francisco Palomeque, se encuentra el conocido «Mesón el Condesito», que fue cárcel durante los años 40 del siglo pasado. Es el restaurante que, hoy en día, es objeto de curiosas preguntas por parte de mis amigos sin vínculos con Hinojosa, por su aparición estelar en ciertos programas relacionados con los fenómenos paranormales. La fisonomía actual del mesón conserva ciertos elementos mencionados en el libro, por ejemplo, cuando dice: «En la casa solariega de Hinojosa del Duque, aquel casero de zaguán, empedrado de chinarros negros y blancos, de pequeño jardín con cobertizo de madera y de inmenso corralón de gredosa y suelta tierra, siguió siendo el terror de las gallinas, que a su sola vista, ante el fantasma sólo de Mil Hombres, comenzaban a coro el grito de ¡Delenga Carthago! y buscaban los palos más altos del oculto gallinero, que les servía de guarida; (…) siguió siendo impenitente rejoneador de caballos y perros, que al sentir los pasos, anunciando su presencia en la aurora, relinchaban de placer (…), siguió siendo el veterano corredor de perdices y conejos (…), siguió siendo el manirroto protector de aquellas gañanía de la sierra, donde el doble que las habitaba, al verle pasar (…) se quitaba respetuoso el sombrero (…)» (Risco, 1917 : 47). 

Los chinarros en blanco y negro de la entrada del actual Mesón el Condesito.


Conviene aclarar que el libro se refiere a las incursiones de un niño en el interior de la casa de su tío, pero es curioso que, además de los chinarros del suelo, hoy tengamos «un fantasma» o «ese algo» que aparece en la grabación hecha por un conocido programa de televisión. Unas páginas más adelante, tenemos una nueva descripción de la casa, que también se ajusta a la disposición actual del restaurante: «En la vieja pero cómoda vivienda de don Francisco Palomeque, y a mano derecha, conforme se entra de la calle, existen aún una serie de habitaciones, y en la segunda y más amplia de todas, que hoy sirve de sala de visitas, preside el retrato del bizarro brigadier, y formando adorno al marco, las cruces, fajines y entorchados que más tarde había de conquistar» (Risco, 1917 : 80). 
Una de las habitaciones del Mesón el Condesito, a mano derecha como dice el texto.


III. En el libro, lo más abundante en relación con Hinojosa, son las constantes referencias al ambiente y al clima de este pueblo de la sierra, pletórico de «aires puros» (Risco, 1917 : 289). Clima beneficioso para afrontar la recuperación de ciertas enfermedades, como le ocurrió a nuestro personaje, al que «(…) el 18 de agosto de 1854 le fué admitida la dimisión del mando de la serranía por falta de salud, quedando en situación de remplazo, y como los aires de la sierra cordobesa le eran más propicios que los rondeños, trasladóse con armas y bagajes a su querido pueblo de Hinojosa del Duque, donde contaba con sus mejores amigos y sus mayores enemigos. Sus mejores amigos eran la paz, el sosiego que se respira en aquel pueblo, donde la honradez embalsamaba las calles; y sus mayores enemigos lo eran los jabalíes y conejos de la sierra (…)» (Risco, 1917 : 409). 

La referencia a la pureza de los aires resulta bastante curiosa, al centrarse en una época en la que no existía contaminación atmosférica, aunque es evidente que uno de sus problemas fueron los malos olores existentes en las grandes ciudades, servidumbre producto de una etapa histórica en la que la higiene y la limpieza, por parte de las instituciones publicas y los ciudadanos, eran muy deficitarias.

En ocasiones, los paisajes se describen de forma muy bucólica, a pesar de la dureza de los inviernos hinojoseños que, sin embargo, también se mencionan. Como ejemplos de lo expuesto, sirvan estos párrafos: 
«Cuando la aurora, que disipó las sombras de aquella noche de la fuga, comenzó a verter haces de luz sobre los campos, y las brisas mañaneras a besar los rizos de esmeraldas de aquellos trigales, que se tienden desde el Cristo hasta la fuente, como una alfombra menuda de felpillas verdes, donde a la sazón temblaban brillaras y claras las gotas de aljófar con que el relente de la noche las había matizado, ya el futuro soldado carlista estaba muy de los de allí, ni el castillo de Belalcázar podría darle un saludo militar, ni Zújar tal vez se habia dado cuenta de que en un buen caballo y a todo correr lo acababa de atravesar my de mañana» (Risco, 1917 : 88).
«Desde aquel rincón de Hinojosa del Duque, donde eran apellidados él y Facunda los padres de los pobres, vio con honda pena transcurrir en fin aquel lapso de tiempo de 1840 al 43, en el que el Duque de Victoria estuvo adueñado de la Regencia. Todos estos arbitrios y resoluciones indignaban al Condesito, que en las tertulias, allá por las noches de invierno a la luz de la lumbre, formada por la robusta encina que chisporroteaba en el hogar…» (Risco, 1917 : 288-289).

IV. Por último, el componente religioso va de menos a más a lo largo de la biografía, lo que resulta compresible no solo por el interés del protagonista en socorrer a los necesitados y a las instituciones religiosas, esfuerzo que tuvo su debido reflejo en su entierro que fue «(…) la manifestación de luto más imponente que ha presenciado la villa de sus amores. La petición del humilde brigadier de ser enterrado con saco de jerga, quedaba sin cumplir, su cuerpo se amortajó con habito y coordino de nazareno, y su memoria aun perdura en Hinojosa del Duque, que se vió privada de sus largas limosnas, de sus sabios consejos, de sus ejemplos de cristiana resignación, de la alegría que todos sus vecinos llevaba el paso de aquel bizarro militar cuando, castigando a su caballo, pasaba por sus calles camino del Cristo o tomaba la senda que guiña al vecino pueblo de Belalcázar» (Risco, 1917 : 602); sino, también, por la predisposición familiar a tomar los hábitos religiosos. Así lo hicieron dos de los hijos del Condesito, los cuales acabarían protagonizando algunas de las páginas más intensas de la historia religiosa de Hinojosa. 

Son constantes las referencias que se realizan al Convento de Religiosas Concepcionistas Franciscanas de Hinojosa del Duque, lugar en el que ingresó su hija Jacinta. También se mencionan, en alguna ocasión, el Convento de los Padres Carmelitas y en el Monasterio de las Concepcionistas de Pedroche, instituciones en las que se invirtió parte de la fortuna del Brigadier Romero.

De todo ello, mi interés se centra en destacar dos referencias que se encuentran en el libro de Alberto Risco, relacionadas con el Convento de las Concepcionistas de Hinojosa, lugar que puede observarse desde la puerta de la casa que perteneció a don Francisco Palomeque –hoy Mesón el Condesito–.
El Mesón el Condesito y las Concepcionistas, al fondo.
La primera, que el poeta Adolfo Castro fue premiado en un certamen literario organizado por el Ateneo de Cádiz por su composición sobre las hazañas del famoso Brigadier. El premio consistió en una flor de oro –en los certámenes de hoy en día, ya es raro que el premio sea una flor natural, así que no digamos que mucho menos existirá algo de oro o alguna cantidad monetaria; pues ya se sabe que se dice irónicamente que los literatos se alimentan del aire–. El premiado donó la flor de oro al Brigadier que, a su vez, la cedió a aquella comunidad religiosa. Esta flor estaba destinada al adorno de Ntra. Sra. del Tránsito que «luce en su mano izquierda la tan estimada flor». (Risco, 1917: 487). Ignoro si al día de hoy existe la flor y si está destinada a la misma finalidad. Lo más probable es que corriera la misma fortuna que la famosa Inmaculada de Murillo que se decía que tuvieron las monjas, y que en realidad era un Valdés Leal donado por una hermana de nuestro personaje, residente en Sanlúcar de Barrameda. Tengo entendido que el cuadro fue destruido durante la Guerra Civil.

La segunda referencia destacable, bajo mi punto de vista, es que el 17 de mayo de 1908, el presbítero don Francisco Romero logró reunir en la Iglesia de las Concepcionistas de Hinojosa los restos de sus familiares, y en un muro de la citada iglesia «se ve una artística lápida» con la inscripción siguiente que se reproduce en la fotografía:


Pág. 619 del libro.

Al día de hoy, las paredes de la mencionada iglesia, como puede verse en la fotografía, son blancas, sin inscripciones de ningún tipo. 

Interior de la Iglesia del Convento de las Concepcionistas, se observan a mediana altura
los falsos muros acoplados a los originales.

Cuando contemplo la falsa pared que se añadió a los muros interiores para ocultar detrás lo que hubiera –desgraciadamente no tengo recuerdos del interior de esa iglesia de niña, salvo que estaba muy mal iluminada y el terror que me provocaban los bultos de las monjas ocultas tras las rejas y la penumbra, que me permitan establecer una comparación fiable–, siempre recuerdo la cruzada del papa Pío IV, quien ordenó cubrir las partes pudendas de los desnudos de la Capilla Sixtina pintados por Miguel Angel. Por ese trabajito, Danielle di Volterra recibió el sobrenombre de «Il Braghettone». Algo parecido ideó un ¿arquitecto? ¿aparejador? en esa iglesia. Cubrió los muros originales con unos falsos muros sobreexpuestos que sobresalen como si fueran unos enormes parches blanquecinos. Detrás quedaron ocultas las inscripciones, lo que no es sorprendente si tenemos en cuenta que la historia alza héroes en unas épocas y los hunde en otras. Cierto que también he oído otra versión, una que dice que el mal estado de la iglesia fue la consecuencia de llevar a cabo esa cirugía tan invasiva. Que cada uno se quede con la versión que prefiera; por mi parte, prefiero recordar las versiones escabrosas, como la del fantasma del Mesón del Condesito y la existencia de un Braghettone que ocultó las inscripciones de los muros de las Concepcionistas de mi pueblo.

                                                  Sevilla, 5 de noviembre de 2017.


Nota: Quiero dejar constancia que el libro tiene un componente muy negativo que me ha sorprendido bastante, pues realiza un tratamiento bastante denigrante de las mujeres de clases bajas, que muchas veces se describen de una forma muy negativa, vinculándolas, en exceso, con la prostitución y la violencia.



domingo, 22 de octubre de 2017

LOS PLIEGOS DE CORDEL DE MANUEL SANCHA DE BELASCO



© María Dolores Rubio de Medina, 2017


Cuando en 1787 (año probable) el poeta Manuel Sancha de Belasco –o Manuel Sancha Velasco o Manuel de Sancha y Velasco, etc; pues tantos nombres utilizaba–, nacido en Hinojosa del Duque, publicó su famoso pliego de cordel conocido como el Monstruo de Jerusalén, impreso por don Luis de Ramos de Coria de Córdoba, tenía 58 años y llovía sobre mojado porque dos años antes ya había conocido el éxito a nivel local como autor, con la publicación de otro romance basado en el instinto asesino de una loba y localizado de forma concreta en su pueblo natal; y porque su nueva obra era –y es–, en parte, un plagio. Intentó repetir un éxito pasado tomando la descripción del monstruo de otro texto, a saber cuál.

Vayamos por partes, este autor tan desconocido –yo misma descubrí su existencia hace un par de años–, es un personaje muy escurridizo y difícil de investigar, aunque vivió durante los años 1730-1806. Apenas queda rastro documental sobre su existencia. Quiero señalar que existen otros investigadores que me precedieron y han dado pistas o mostraron su obra para nuestra historia, hablo de Julio Caro Baroja en Ensayo sobre literatura de cordel (1990), de Manuel Álvar en Romances en pliegos de cordel (1974) y de Antonio Merino Madrid, editor de Romances de Ciego. Manuel Sancha de Velasco (1993), tampoco quiero dejar de citar a Luis Romero, cronista de Hinojosa del Duque; todos ellos, dentro de sus medios, indagaron lo que pudieron sobre un escritor del que, prácticamente, sólo se conoce poco más que su nombre. 

Dos de sus pliegos de cordel se conservan en la Biblioteca Auxiliar del Archivo Municipal de Málaga. Fondo Antiguo, los cuales atestiguan la autoría de nuestro personaje, rareza de la época,pues lo habitual es que no aparezcan los nombres de los autores en los textos de cordel, siendo los dos que se describen a continuación.

El primer romance conocido de Manuel Sancha de Belasco es un «pequeño tratado histórico» sobre nuestro pueblo y lleva por título: «TRAGICO MORAL ROMANCE, EN QUE SE DESCRIBEN LAS DESGRACIAS, que con una Loba rabiosa acaecieron en esta Ilustre Villa de Hinojosa del Duque dia doce de marzo d este año de 1787, dividido en dos partes por su Autor Don Manuel Sancha Belasco, natural y vecino de dicha Villa». Describe el ataque de una loba a dos pastores en Hinojosa del Duque y todos los hechos secundarios que menciona son reales y se encuentran documentados.

El segundo romance, el «Monstruo de Jerusalén» es más conocido y fue un auténtico éxito popular, hasta el punto que circulan muchas versiones con ligeras variaciones de palabras, en las que lo habitual es que no aparezca el nombre del autor. Este romance, tiene dos partes, aunque sobre la segunda de ellas existen razonables dudas acerca de si su autor es la misma persona, pues pudiera ser un añadido de fecha posterior. 

Reproducción de la primera página de un pliego de cordel del "Monstruo de Jerusalén".
He publicado la imagen de un pliego de mi propiedad para evitar problemas de uso indebido de fuentes.
Aunque sin referencia al autor en el mismo, tuve la fortuna de conseguirlo en la librería "Anticuaria" de Salamanca.

En todo caso, me interesa resaltar la famosa descripción del monstruo, para la que  utiliza las siguientes frases:
«[…]
cuya espantosa figura,
y talla, se dice, era
como de un grande Caballo,
el pecho, cuello y cabeza
como de un fuerte Leon,
y dos astas en la testa
á semejanza de un Toro,
y los colmillos de á tercia
como los de un Javali,
y de Pachon las orejas,
con una melena hermosa.
Su cuerpo era de la mesma
hechura de los Caymanes,
y sus uñas mas tremendas.
Todo vestido de conchas
de tan rara consistencia,
que rechazaban las balas
como las mas duras piedras.
Se treinta y seis espolones
de hueso, a modo de uñetas,
se vestian su lomo y ancas,
su cola, muslos y piernas.
Tenía como una vaca
cuatro monstruosas tetas;
de Basilisco las alas,
y cola con una flecha
al remate con las puntas
de una indecible agudeza.»

esta detallada incursión sobre el cuerpo del monstruo no es obra de la prodigiosa imaginación de nuestro «poeta de la sierra», como se autodenominaba, puesto que ya había sido publicada en 1932 en el Diario Histórico, Político-Canónico y Moral del P. FR. Joseph Álvarez de la Fuente; y al mismo tiempo, en el mismo año en que se podría haber publicado en Córdoba (1789), traspasó fronteras, dado que la descripción del monstruo fue noticia publicada en la Gazeta de México del martes, 24 de marzo de 1789, que la había rescatado del texto de Álvarez de la Fuente.

La tercera obra identificada que se conserva Manuel Sancha está en el Archivo Histórico de la Nobleza de Toledo, no ha sido publicada que yo sepa, ni tampoco se encuentra accesible al público a través de la web del archivo, sino que hay que adquirirla a través del sistema que tiene implantado el citado Archivo para acceder a su contenido. Se trata de un larguísimo poema escrito por la boda de D. Francisco de Borja Bruno María del Pilar Joaquín Pedro de Alcántara Tellez-Girón y Alfonso-Pimentel, X duque de Osuna con D.ª María Francisca de Beaufort y Álvarez de Toledo, condesa de Beaufort-Spontin. 

El poema está fechado a 11 de abril de 1803, está redactado con letra manuscrita –probablemente la de un escribano–, y en el encabezamiento del mismo dice lo siguiente: «A los Exmos. Señores Duques de Ôsuna, Benav.te y Bejar: Condes de Bello Alcazar, Marqueses de Peñafiel y de Veaufort, sus S.res, remite Manuel Sancha de Velasco (su humilde siervo) la enhorabuena de sus Bodas, ên Madrid: êntre los Ex.mos S.res Marques de Peñafiel, y Conde de Bello Alcazar, y la Ex.ma S.ra D.ña Fran.ca Veaufort, Condesa de Veaufort: en el Poema epíco síguíente.»

Se trata, en todo caso, de una obra menor, propia de un hombre en franca decadencia de sus facultades artísticas, en comparación con los dos romances anteriores de mucha más calidad, dentro de su mediocridad, todo hay que decirlo, pues la obra de Sancha de Belasco destaca más por su rareza que por su contenido. La redacción de la poesía de las bodas es muy empalagosa, forzada y «pelotillera». El autor, probablemente, intenta quedar bien con los señores para los que trabaja, ofreciéndoles un presente artístico, lo que no era raro al tratarse de los Béjar –integrados en la Casa de Osuna–, una familia famosa por su patronazgo con los escritores y artistas desde siglos antes.

A través de este texto conocemos datos de la vida de nuestro autor, puesto que dice:
«[…]
el Poeta de la Sierra
medecían, Manuel Sancha.
que en Hínojosa del Duque
vívía, donde la Casa
Excelentísíma, sirve,
de Interventor de Alcabalas»-

En este año nuestro personaje no vivía en Hinojosa del Duque, sino en Cuenca –aldea de Fuente Obejuna–, donde falleció su esposa ese mismo año de 1803 y donde fallecería él mismo, en 1806.

Mi interés durante esta investigación –que aún no he concluido– se ha centrado, como las obras citadas ya han sido descubiertas y mencionadas por otros, en tratar de descubrir alguna obra no conocida de Manuel Sancha. Esta tarea plantea una dificultad extraordinaria por la ausencia de firma de los autores en esta modalidad literaria, sobre todo si tenemos en cuenta que, a partir de la muerte de Manuel, sus obras empezaron a circular sin mención de su nombre, aunque existía un primitivo derecho de propiedad intelectual que en esta época que protegía a los autores y a sus herederos.

Es posible que mi esfuerzo haya dado frutos, creo que existe un nuevo romance que atribuyo –eso sí, impreso en una edición más moderna que los pliegos conservados en Málaga– a este autor y que nadie, que yo sepa, ha mencionado antes. El romance se conserva, por esas rarezas inexplicables del destino, en la Universidad de Cambridgedentro de la colección "Spanish Chapbooks". En los siglos XVIII-XIX hubo un auténtico interés de los intelectuales ingleses por estos poemas de cuatro, ocho o más páginas o cuartillas, que se imprimían en grandes pliegos –procedente de las hojas sobrantes de las resmas de papel adquiridas para imprimir libros– que podían doblarse en cuatro partes, impresos por su anverso y reverso. Es decir que de un pliego salían ocho páginas, por decirlo en de alguna manera. Estos pliegos se doblaban en cuatro y eran colgados en un cordel –o cañas finitas– para su venta, de ahí su nombre, «pliegos de cordel».


Las cuatro caras del anverso de un pliego de cordel.


Aunque mi investigación todavía necesita tres o cuatro meses para dejarla en condiciones medio aceptables –dentro de las tremendas lagunas que tendrá por la falta de fuentes documentales que han desaparecido–, procedo a hacer publico mi descubrimiento antes de tiempo por tres razones: 

La primera por si me precipito y alguien tiene razones fundadas para contradecirme, que en este terreno, todo es posible.

Segunda, porque como tardaré un poco en finalizar el trabajo, si he encontrado el texto en Internet –ciertamente después de casi un año revisando bibliotecas digitales o físicas y archivos; además de dar la lata a unos y a otros, hasta desesperarlos–, por pura casualidad, cualquier persona puede tener la misma fortuna y publicar su localización antes que yo.

La tercera y definitiva razón, es porque aunque no sea atribuible a Sancha de Belasco –en mi investigación expondré las razones por las que se lo adjudico, pero siempre será una apreciación personal y más arriesgada en mi caso, que no tengo formación lingüística o literaria, sino jurídica–, el romance, evidentemente, entrará en la pequeña historia de la literatura hinojoseña, pues lleva por título:

NUEVO Y CURIOSO ROMANCE, EN EL QUE SE DA
cuenta y declara el maravilloso milagro que ha obrado el
SANTISIMO CHRISTO DE LAS INJURIAS, y María San-
tisima de Guadalupe, con dos devotos suyos, que habiéndo-
les cautivado, por la intersecion de esta Soberana Se-
ñora se vieron libres : con lo demás que verá
el curioso en esta 
P R I M E R A   P A R T E


¿Verdad que sienten un hormigueo cuando leen «Cristo de las Injurias» y «Virgen de Guadalupe»? Pues recuerden que el Padre Juan Ruiz dice en La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque (1923) que el Cristo de las Injurias fue hallado en 1743, a la puerta de la ermita, época en la que vivía Manuel Sancha de Belasco. Y sigan leyendo y el asombro se agrandará. En uno de sus párrafos dice:

«[…]
vivia un Caballero,
llamado Don Juan de Ayala,
su esposa Doña Josefa,
discreta, entendida y sabia:
de su feliz matrimonio
el Cielo le hizo la gracia,
y les dió un Angel por hija,
de las mugeres la palma.
Se fue criando esta niña,
y desde su tierna infancia
tuvo grande devocion
con la Magestad Sagrada
del Christo de las Injurias.
En una Villa nombrada,
que la llaman Hinojosa,
tiene su Divina Casa,
siendo tantos sus milagros,
y sus maravillas tantas,
que para poder contarlos
será mi pluma cansada.»

Mi agradecimiento a la Cambridge University Library por valorar más que nosotros esta literatura llamada «hojas volantes», «pliegos de cordel», «hojas sueltas», etc. Espero que ustedes, los de nacieron o viven en mi pueblo, disfruten del descubrimiento con el entusiasmo con que lo viví hace una semana, cuando di con el hallazgo por casualidad. Desgraciadamente el buscador de la plataforma digital de la Library no busca palabras dentro del texto de los romances, ni al parecer han reparado en que muchos autores introducen su nombre y sus datos en el mismo romance, casi siempre al final. Conociendo estas limitaciones, se me ocurrió poner palabras poco usuales  sobre cosas de mi pueblo en el buscador a ver si los títulos de los romances servían para concretar la búsqueda y la suerte me vino de sopetón cuando introduje la palabra «Injurias». De pronto, en la pantalla de mi ordenador tenía esta maravilla, de la que dejo el enlace de la magnifica biblioteca donde se conserva, en donde podrán encontrar, también los datos de la colección a la que pertenece- El pliego fue donado por Edward Meryon Wilson.


Fotografia Archivo Rubio&De-Medina.
La ermita del Cristo de las Injurias sobre finales de los años 50 (s. XX).



      Buenas noches desde Sevilla, a 22 de octubre de 2017.

miércoles, 18 de octubre de 2017

El arrendamiento de pastos en las Dehesas hinojoseñas a finales del s. XIX



© María Dolores Rubio de Medina, 2017

Parece ser que el famoso concurso sobre «Derecho Consuetudinario y Economía Popular» de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas» es fuente constante de descubrimientos sobre las costumbres populares de Los Pedroches. Por los estudiosos ya era sobradamente conocido el libro titulado  Prácticas de Derecho y de Economía Popular observadas en la villa de Añora de Antonio Porras Márquez, que obtuvo el accésit en el Décimo Concurso Especial celebrado en el año 1914, trabajo que fue publicado en 1916. 

Portada de "Prácticas de Derecho y de Economía Popular
observadas en la Villa de Añora", 1916.

El  libro, una de las joyas de mi biblioteca (eso sí, bajo mi criterio subjetivo), lo localicé y adquirí gracias a «San Internet»; «santo laico» de los investigadores desesperados en estos tiempos de prisas. 

De nuevo, gracias a Internet, la misma Academia acaba de darme otra sorpresa, una de esas que, a la postre, «solo sirven para perder el tiempo». Así que allá vamos, a perderlo apasionada y concienzudamente, que es como tienen que hacerse todas las cosas, a nuestro pesar de los días en los que no estamos para nadie ni para nada. 

Pues bien, la Real Academia citada ya había publicado en 1900 un trabajo que obtuvo el cuarto puesto en el Primer Concurso de «Derecho Consuetudinario y Economía Popular», que se celebró en 1897. El libro se titula: Costumbres de Derecho y Economía Rural, consignadas en los contratos agrícolas usuales en las provincias de la Península española, y es el trabajo que fue presentado por Zoilo Espejo. 

Portadilla interior del libro de Zoilo Espejo, 1900.

En esta investigación el autor expone ejemplos de las costumbres agrícolas seguidas a finales del XIX, citando entre ellas las practicadas en la explotación de las Dehesas de Hinojosa del Duque, localidad que cita en dos ocasiones:

1) En el apartado Arrendamiento de los pastos, que transcribo literalmente parte de las págs. 58 y 59, por su interés para la «inútil historia local». 
Los terrenos dedicados á pastos y monte, en Córdoba, tienen poca extensión en la zona de la campiña; no asi en la de la sierra, donde constituyen las tres cuartas partes de la superficie. 
Las tierras destinadas á praderas naturales ó dehesas sin arbolado no se arriendan más que por un año, empezando y concluyendo el arrendamiento en San Miguel; los contratos son privados, y se permite acoger toda clase de ganados. 
En Hinojosa del Duque, las dehesas de monte bajo y alto se arriendan por cuatro ó seis años, haciéndose el contrato por escritura pública; págase la renta por semestres vencidos, en 26 de Marzo y 26 de Septiembre, quedando como garantía los ganados, aperos de labranza y labores. Se entra á disfrutar del terreno en San Miguel. 
Las dehesas que tienen casa se arriendan con ésta, sin reservas para el propietario. Donde no las hay, hacen viviendas de chamiza los pastores y mayorales, diseminadas por la finca. 
Los aprovechamientos para el arrendatario en estas dehesas consisten en la corta, que señala la propiedad, del arbolado viejo, y únicamente para el gasto doméstico, quedando el resto de la madera vieja en beneficio del propietario, que suele destinarla á leña ó carbón. También se permite al arrendatario el descuaje de cuatro á cinco fanegas por cada 100, con objeto de renovar las hierbas, aprovechándose de la madera. En estas dehesas pasta toda clase de ganado, exceptuando el cabrío, del cual no permiten más que seis cabras y un macho.
En las dehesas que, por hallarse atravesadas por algún arroyo, tengan servidumbre de abrevadero, se expresa en la escritura de arrendamiento esta circunstancia, determinándose las fincas que poseen el derecho á este disfrute, y las horas en que se ha de permitir el paso á los ganados, que siempre serán acompañados de un pastor del arrendador de la finca que tiene la servidumbre. 
Las dehesas que se llevan á pasto y labor, según la costumbre más generalizada en la sierra, por falta de terreno de siembra, se arriendan por cuatro años, permitiéndose al arrendatario aprovecharse de la madera útil de la corta, que señala el propietario, y que le sea necesaria para reponer los útiles de labranza. En toda dehesa hay una porción de terreno, que suele ser la quinta parte, completamente limpio y apropiado para la siembra, el cual es majadeado por el ganado y sembrado un año de cereales y otro de leguminosas. También se le permite al arrendatario el descuaje de todo el terreno que le consientan sus recursos, no pasando de una quinta parte de la total extensión de la finca, que puede sembrarlo ó subarrendarlo á otros colonos, por un año solamente, dejándolo después de pastos. 
La tala y limpia de la arboleda se hace generalmente por cuenta del propietario.

Tras la siega en tierras de Los Pedroches, junio de 2017.

2) En las páginas 68 y 69 del mismo libro, en las que, dentro del apartado dedicado a los Contratos de arrendamiento de un olivar, viña, huerta y dehesa, expone la forma de explotación que se practica en la Dehesa del Mármol, de Hinojosa, que se organiza del siguiente modo:

El Mármol.– Dehesa á pasto y labor, situada al Poniente del término de Hinojosa, distante del pueblo 12 kilómetros, y dos de la estación de Zujar en la línea férrea de Almorchón á Bélmez, que atraviesa la finca por su mitad. Tiene una extensión superficial de 310 hectáreas, 248 pobladas de jara y chaparral y 62 completamente limpias y destinadas á la siembra. Hay una casa con dos pisos para el arrendatario. Renta 3.600 pesetas anuales y el contrato está hecho por seis años, mediante escritura pública, pagándose la renta en dos plazos, en los dias 25 de Marzo y Septiembre, quedando como garantía los ganados y aperos de labranza y labores. Tiene esta finca abrevadero en el arroyo Cascajoso, que le sirve de linde, y pastan en ella 800 cabezas de ganado lanar todo el año, 150 cerdos durante la primavera, en el mes de Noviembre para el aprovechamiento de la bellota, y en el de Agosto, para el espigadero. 

La buena administración de las Dehesas era –y es– esencial para una beneficiosa explotación de la ganadería, especialmente para la porcina y ovina; en esa época, en el mercado de lanas, Hinojosa destacaba por su abundancia, aunque en calidad era superada por el pueblo vecino de Belalcázar, como sabemos por el periódico madrileño El Progreso Agrícola y Pecuario, que en fecha de de 31 de octubre de 1918 nos informa que se van generalizando las compras en la mayoría de las provincias, aunque aún quedan muchas existencias de todas las clases de lanas que se producen en España.
En Belalcázar (Córdoba) se ha vendido a 75 pesetas arroba de 11 kilos y medio. 
Se trata de lana merina fina en cantidad de unas 1.000 arrobas. 
En Hinojosa del Duque (Córdoba) se contrataron casi todas las existencias del pueblo, que son de importancia, aunque no tan finas como las de Belalcázar, a 70 pesetas arroba, pago al contado. Quedan aún algunas pilas sin contratar.

Cabeza del periódico, 1918.

En fin, finalizo abruptamente, tras dejar una nota más sobre nuestro pasado, que como ando atareada en otras investigaciones de largo recorrido, en esta ocasión no dispongo de tiempo para realizar algo más elaborado, así que con esta entrada cumplo con mi autocompromiso de publicar en este blog con regularidad, pues como dice el refranero, «cada uno extiende la pierna hasta donde llega la manta».


      Sevilla, 18 de octubre de 2017.