sábado, 16 de septiembre de 2017

Las Ferias de Hinojosa del Duque descritas por Madoz, el Padre Juan Ruiz, Juan Bernier y Corpus Barga



© María Dolores Rubio de Medina, 2017


Hay que dice que Hinojosa del Duque es un pueblo triste y aislado, sin ir mas lejos en 1902 lo dejó publicado Fernán Caballero en su novela La Farisea, reflexión que en ningún caso compartiría en cuanto a la tristeza Corpus Barga. El famoso periodista y escritor se llevó una excelente impresión de su primera visita a Hinojosa, hasta el punto que le impactaron muchas de las vivencias ocurridas en su Feria que ha dejado escritas para la posterioridad. De las observaciones realizadas por el escritor se desprende que se trata de un pueblo muy divertido y ocurrente, nada triste como pensaba su colega de pluma. Aunque ambos escritores eran personas cultivadas y andariegas, acostumbradas a triscar por estos mundos de Dios, a las dos no puede aplicársele esa conocida máxima de Don Quijote que duce «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho» puesto que del carácter de los hinojoseños poco sabía la señora; o quizás, sea más acertado indicar que «Quien cuando puede no quiere, cuando quiere no puede», si es que alguna vez pisó Fernán nuestro pueblo con o sin Feria mediante. 


Portada "La Farisea". "Las Dos Gracias".
Ejemplar propiedadd  Biblioteca Nacional de España.

Descripción de Fernán Caballero de Hinojosa del Duque.
"La Farisea", Hermanos Sáenz de Jubera, 1902, pág. 53.

Dejo de divagar y me introduzco en materia, en mi propósito de recopilar lo que varios autores han dejado escrito sobre la Feria de mi pueblo:

1. Madoz en su Diccionario expuso el ángulo objetivo de los investigadores, limitándose a señalar de forma escueta y concisa que la Feria «nombrada de San Agustín tiene lugar en la v. Desde el 28 de agosto y hasta el 4 de septiembre, ambas bastante concurridas de feriantes».

2. Por su parte, el Padre Juan Ruiz, en su extraordinario estudio sobre su pueblo, tampoco se extendió demasiado, aunque señaló datos bastante jugosos; y describe los acontecimiento de su ciudad natal con buenos ojos, puesto que dejó escrito que Hinojosa era un población rica y que una de sus fuente de riqueza eran sus ferias, señalando que de las dos Ferias, era
«De escaso interés la primera, que se celebra en los días 15, 16 y 17 de Mayo; por lo ocupado el tiempo para los labradores, y por ser de moderna creación. Pero de grande importancia la segunda, la tradicional de San Agustín, o La Gran Feria, como la llaman los gitanos, únicamente comparable con la de Sevilla, según ellos; por lo escogido del tiempo para los labradores y ganaderos, entre una y otra cosecha; por lo hermoso del emplazamiento; y por lo céntrico de la localidad, entre Andalucía, Castilla y Extremadura. ¡Lástima que los naturales no la estimasen más y no hicieran más agradable acogida a los feriantes…!». (1923 . 32).

3. La atención prestada por Juan Bernier Luque a Hinojosa es también muy limitada; sin embargo, su caso es bastante curioso, pues ha servido para vincular, para la posterioridad, al escritor con el pueblo. En su obra titulada Córdoba Tierra Nuestra, un ambicioso volumen de 329 páginas, apenas dedica 25 líneas a Hinojosa, sin embargo, entre ellas se encuentra la frase que, con una ligera variación, ha pasado a ser el slogan del pueblo, el mítico Hinojosa, «granito para la eternidad». Si partimos de la línea 17 –cuando habla de la Feria– y tras un salto pasamos a la 26, leemos lo siguiente:

«Centro ferial y de mercados trocado el trigo en oro, su antiguo fervor levantó la ‘Catedral del Valle’; que edificada con piedras del castillo marcó el tiempo de la paz y la riqueza. (…) el pueblo de Hinojosa, quien como otro Chartes, acarreó piedra a piedra el granito de la eternidad, para plasmar el oracional impulso de su constancia y su permanencia vital en esta dura tierra».
Portada del libro de Juan Bernier

Personalmente considero que, a tenor del escaso esfuerzo dedicado en el libro no ya a la Feria, sino a Hinojosa, estamos ante un escritor –y una frase, en consecuencia– muy sobrevalorado por los hinojoseños, resultando incompresible su cita constante en otros periódicos o libros (1). 

4. De todos los autores escogidos para realizar esta entrada, la visión más interesante y con mucha diferencia, sobre la Feria de Hinojosa es la ofrecida por Corpus Barga en Los pasos contados 4. El autor en su autobiografía de cuatro volúmenes describe de forma muy prolija las conversaciones y los sucesos que ocurrieron en alguna de sus visitas a Belalcazar, de todas ellas, nos interesa de forma especial la primera visita que realizó, siendo ya hombre, en su calidad de copropietario de la Casa Grande de Belalcázar a su pueblo, porque durante esta estancia se desplazó a Hinojosa, que celebraba su Feria, pueblo que no había visitado anteriormente. 



Los recuerdos de Corpus Barga sobre esa «visita de hombre» fueron escritos en Lima en 1964 y publicados en 1973. Las notas que expongo en las líneas siguientes están entresacadas, principalmente, de los largos diálogos, en los que no se señala el año en que su sucedieron. La conversaciones que son tan extensas y detalladas que salvo que fueran transcritas al poco de realizarse, gran parte de los hechos y palabras podrían ser inventadas. Sin embargo el libro nos sirve para determinar como se desarrollaba la Feria, aunque de entrada, me llama la atención que no haga referencia alguna a la celebración de corridas de toros, tan habituales durante la celebración de la Feria de San Agustín durante esa época. En lo que se refiere a las actividades celebradas, Corpus Barga, entre otros detalles, menciona:
  1. La presentación de un jugador de ajedrez, el mejor de Andalucía (1979 : 103) al que no habían podido vencer ningún jugador de Hinojosa. Se negoció que siete jugadores de Belalcázar se enfrentarían al mismo en una partida múltiple (1979 : 121). El imbatible maestro fue  vencido por un jugador de Belalcázar, llamado Filfa, quien se paseó por la Feria tirando dinero a los gitanos, aunque nunca lo tenía, por lo visto era el importe del premio que había cobrado por ganar al famoso profesional de ajedrez (1979 : 144).
  2. En la Feria había compra y venta de ganado, especialmente mular. Parece ser que esta actividad comercial fue más espectacular que otros años porque había venido gente de Sevilla. «Y extranjeros a comprar mulas y las están pagando!» (1979 : 110); y hasta un francés que compraba mulos para el ejército francés (1979 : 246). Curiosamente esos extranjeros se definen como «franceses y hombres de otras razas. Hay hasta un negro. Bueno, es uno pintado de negro…» (1979 : 110).
  3. Se celebraban representaciones de comedias, en alguna intervenía el negro antes citado, que en realidad, como cuenta un tal Leocricio –conocido como «el periódico hablado de Hinojosa» (1979 : 144) era «uno pintado de negro, es el actor de la comedia que es un negro que mata a su mujer. Está tan bien pintado que le cuesta mucho trabajo quitarse la pintura. No va a estar todos los días quitándosela y poniéndosela. Además así la gente cree que es negro de verdá y esto da anuncio al teatro. Pero es blanco, y lo sé por la cuca que se acuesta con él» (1979 : 110).
  4. Se instaló un circo con salto mortal; donde actuaron un liliputiense y una giganta portuguesa con el culo más grande que se había visto en Hinojosa (1979 : 110). En ese recinto un experto en «espiritismo» quería presentar un espectáculo nunca visto, que consistía en poner un hombre en medio de la pista para hacerlo desaparecer y reaparecer (1979 : 145).
  5. El fenómeno «más sorprendente» fue la mujer con barba, que se presentó a medio afeitar (1979 : 110).
  6. Se instaló un laberinto, atracción que nunca se había visto en Hinojosa. El tal Leocricio explicó al escritor que se perdió en él y tuvo que dar voces para que lo rescatasen; aunque lo peor fueron los coscorrones que se dio contra los espejos; y que el dueño de la atracción le explicó que como la gente se perdía, el público le había cogido miedo y no hacía negocio. Precisamente el dichoso laberinto acabó trayendo disgustos a todo el mundo, hasta el dueño; como veremos.
  7. Actúo un cuadro de flamenco. El citado Filfa se llevó una de las integrantes del espectáculo, una flamenca, de vuelta a Belalcázar, aunque como le aclaró a don Andrés –Corpus Barga–: «Yo quería traer a todo el cuadro. La Niña se ha traído ella» (1979 : 120).
En lo que se refiere a la descripción de los ambientes y costumbres de negocios de la Feria,  me detengo en las siguientes observaciones:
  1. La zona de compra y venta del ganado es descrita por Corpus como un lugar donde están «los chalanes y sus altas varas, fanfarrones, hiperbólicos, despreciativos, voceando entre coces de las caballerías. Hay muchos compradores y caballos de gran aspecto» (1979 : 130). La gente se instalaba en tenderetes, es decir, bajo «telas extendidas en fila, como techos bajos, sujetas en palos rústicos, forman (...) ambientes de comedores (...). Entre las telas y los sombreros de los comensales, el horizonte a franjas, decorativo.» (1979 : 139).
  2. En esta zona de los tenderetes también se acomodaban los cosecheros de granos y traficantes de especias (1979 : 140).
  3. Corpus menciona que en la Feria los ricos hacen los tratos como «los grandes ricos del mundo, no tienen que llevar dinero encima» (1979 : 140); esta observación procede porque los tratos y compras por parte de estos individuos se realizan sin dinero físico, a través de representantes. Deberá tenerse en cuenta que se habla de una época en la que el dinero de plástico no existía y los cheques no eran de uso frecuente. 
  4. Los distintos grupos de feriantes se instalaban unos juntos a otros, tan aproximado que solo se podía circula entre ellos atravesándolos en fila; es decir, que no podían pasar dos personas juntas por la falta de espacio (1979 : 140).
  5. Los puestos más concurridos eran los que estaban en la plaza. Sonaban campanillas de rifas y juegos; era frecuente la celebración de juegos de apuestas con cómplices que tenían la misión de atrapar incautos (1979 : 140). Uno de los juegos mencionados –en el que siempre acertaba el dueño del negocio que explicaba que el truco era apretar «la bolita»– era un «péndulo soltado desde su posición más extrema pasa entre dos boliches y a la vuelta ha de tumbar uno de ellos» (1979 : 141). Los participantes nunca lograban el mismo resultado que el dueño.
  6. Y sobre todo, fue una Feria que tenía el ambiente de cualquier otra, pues «ya se sabe, se pierden muchas cosas, es uno de los capítulos de las ferias» (1979 : 159). No sé yo qué sé cosas se perdían –o se pierden– en otras, pero en esta, que es descrita con tanta minuciosidad por Corpus Barga, se perdieron ni más ni menos, que la «joya de la feria» –el liliputiense–, el cual o lo habían robado o «se ha perdío». Para el colmo, también se perdió dentro del laberinto, al intentar desmontarlo, el mismo dueño de la atracción, quien puso una pared de manera que se quedó dentro y nadie se atrevía a ir a sacarlo por temor a quedarse atrapado. (1979 : 159). Al final, tampoco queda claro si todos las personas perdidas, hasta el liliputiense, estaban o no, dentro del laberinto, pero todas reaparecen.
Fotografia procedente archivo personal, años 50, donde se aprecia una de las ventas
de ganado en Feria. Posiblemente sea de la Feria de San Miguel, no de San Agustín.


En fin, esta Feria descrita por Corpus Barga –junto con aquella Feria tan famosa de 1902 en la que Machaquito tuvo que matar rápidamente un toro por desplomarse parte del tendido, en evitación de males mayores y que fue ocasión de crónica elogiosa en muchos periódicos– me parece una de las mejores de las que se han celebrado en mi pueblo; por otro lado, tampoco tengo mucho que contar sobre las que he vivido, puesto que hace más de veinte años que mis estancias en el pueblo no coinciden con la famosa Feria de San Agustín. 

Hinojosa-Sevilla, septiembre 2017.

BIBLIOGRAFÍA:
  1. Caballero, Fernán: La Farisea. Hermanos Sáenz de Jubera. Madrid. 1902. 
  2. Bernier Luque, Juan: Córdoba Tierra Nuestra. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Córdoba, 1979.
  3. Barga, Corpus: Los pasos contados 4. Alianza Tres. Madrid. 2ª edición. 1979. 412 páginas. 
  4. Madoz, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Edición Facsímil dedicada a la provincia de Córdoba –que originalmente pudiera estar fechada en 1852–, reproducida por Ámbito y Editoriales Andaluzas Reunidas en 1987.
  5. Ruiz, Fr. Juan: La ilustre y noble villa de Hinojosa del Duque, Jerez de la Frontera, 1922.

NOTAS:
(1) Es citada, por ejemplo, por Francisco Solano Marquez: Pueblos cordobeses de la A a la Z. Estudios Cordobeses. Excma. Diputación de Cordoba, 1975, en su pág. 233 hablando de la Catedral de la Sierra, dice lo siguiente: «La parroquia, de por sí sola, ya vale el viaje. Venga un domingo. Le asombrará descubrir este monumento de ‘granito para la eternidad’, como sabiamente lo llamara Juan Bernier». Ya vimos que no es correcto, que la frase de Bernier fue: «granito de la eternidad», a menos que exista otro texto que yo desconozca.

domingo, 10 de septiembre de 2017

LA AVENTURA DE LLEGAR EN TREN A BELALCÁZAR EN LA PLUMA DE CORPUS BARGA


© María Dolores Rubio de Medina, 2017

El aislamiento de Belalcázar –y por extensión de cualquier otro pueblo de la zona de Los Pedroches– con respecto al ferrocarril ha sido uno de los inconvenientes históricos de la comarca, a pesar que trenes y estaciones, como las brujas, parece que «haylos» y «haylas». Prácticamente hasta bien entrado el siglo XX, el acceso a Belalcázar por cualquier otro medio que no fuera la caballería o los escasos vehículos de motor, era toda una aventura. 
Este tema es recurrente en los escritos de Corpus Barga –seudónimo de Andrés García de la Barga y Gómez de la Serna, (Madrid 1887-Lima 1975)– quien documentó de forma muy exhaustiva su llegada a Belalcázar en ferrocarril. En todo caso, conviene precisar que al día de hoy, el acceso a Los Pedroches en ferrocarril ha sido –y es– una ardua batalla que se ha solventado con una parada de insuficientes trenes AVE localizada en la estación de Villanueva de Córdoba, y que ha provocado los subsiguientes problemas de desplazamiento del resto de los pueblos de la zona a la Estación –y a la inversa–; problemas similares –y siempre guardando la distancias de los medios de transporte que existen ahora con respecto a los que existieron hace un siglo a los apuros que padeció Corpus Barga para llegar en tren al pueblo de su padre, Belalcázar.
La Estación de Belalcázar y su aislamiento fue uno de los temas recurrentes de la pluma Corpus Barga, –cuya ultima visita a Belalcázar sucedió en 1970, evidentemente no llegó en tren–, así por ejemplo, se refleja tanto en Los pasos contados. 4 como en el periódico España 1919, núm. 233 (Seminario de la Vida Nacional), como veremos. 

Periódico "España 1919" (portada y página inicial del artículo de
Corpus Barga) y ejemplar de  "Los pasos contados. 4".

Antes de exponer el tema que es de nuestro interés, conviene precisar que en Los pasos contados nuestro autor no pone los signos de abertura de interrogación o exclamación, solo coloca los de cierre. Escribía, pues muy al estilo de hoy, como se hace en las redes sociales. Hecha la observación, procedo a transcribir sus observaciones:

I. Por orden cronológico, la primera referencia a famosa «Estación de Belalcázar» se encuentra en el periódico España 1919, núm. 233 (págs. 3-5), donde publicó un delicioso artículo titulado:
«ANDALUCIA Y NORMANDIA 
O DE BELALCAZAR A BLANGY 
PARALELOS Y MERIDIANOS», 
que constituye el artículo principal de ese número; el cual comienza en la página llamada Tercera y ocupa dos páginas y cuarto del periódico. El título del artículo está redactado tal como antes se reflejaba la letra mayúscula, sin acentos. Recomiendo la lectura del citado artículo en su totalidad, pues contiene datos muy certeros sobre la historia del caciquismo en Belalcázar, la mano de obra agrícola, el castillo y la Casa Grande, encontrándose el enlace de acceso al ejemplar que he consultado, perteneciente la Biblioteca Nacional, al final de este artículo.
En la página 3 del citado periódico, en la tercera columna, el escritor realiza una magistral descripción de una las innumerables chapuzas nacionales, en concreto esa de poner nombres de pueblos a sitios retirados a veinte o treinta kilómetros del lugar que, al día de hoy, tienen menor importancia por la existencia de mayores y mejores medios de comunicación, pero no en otros tiempos, como a principios del siglo XX, cuando los medios de transporte eran muy limitados. Escribe Corpus Barga lo siguiente:
«Supongamos que usted quisiera ir a un pueblo llamado Belalcázar, desconocido seguramente para usted. En la Guía de los ferrocarriles, línea de Badajoz, hay una estación llamada también así: Belalcázar. ¡Y hubiera usted cometido la imprudencia de abandonar allí el tren! Usted sí que se vería en el abandono. El jefe de la estación le miraría como un confinado machucho mira al confinado recién venido. Empezaría a justificar su historia, según es costumbre en los presidios. Belalcázar es la estación penitenciaria para los empleados de la Compañía. Los empleados en esta estación se consumen de tedio y calentura. El pueblo está a más de veinte kilómetros y la carretera está interceptada.
Para ir al pueblo de Belalcázar hay que ir en tren más lejos, hasta la estación del Zújar. Allí se encuentra uno a menos de veinte kilómetros del pueblo y suele haber coche de cuatro ruedas». 

II. Años después, de nuevo, vuelve sobre este tema en el cuarto volumen de Los pasos contados –subtitulado: «Los galgos verdugos»–, cuya página. 7 comienza de una forma muy expresiva, insistiendo en el desconocimiento de los «forasteros» de la citada estación de Belalcázar, puesto que refleja hasta qué punto el propio personal de los ferrocarriles desconoce la existencia de la estación de Belalcázar:
«–Qué estación dice usted?... No hay tal estación.
–No es esta la taquilla para el tren para Córdoba?
–Sí.
–Cómo que no hay tal estación? He viajado más de una vez a ella. (Mentiroso). Es la de un pueblo de la provincia de Córdoba.
–No insista usted, caballero. Retírese. Mire usted la cola que hay.»
El escritor, en otra ocasión, en lugar de utilizar la Estación de Belalcázar, optó por la Estación de Zújar para bajar al pueblo, concretamente aquella primera vez en la que –no precisa el año–, «muertos el tío Rafael y mi padre, fui de hombre al pueblo, como uno de los propietarios de la Casa Grande, me fueron a recibir a Zújar dos coches, un carro y algunos jinetes» (Los pasos contados 4. Pág. 10). Como se puede observar en la fotografía realizada sobre un mapa de 1971 de la Excma. Diputación de Córdoba y la Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, no es un acceso más cercano a la localidad, aunque sí de más fácil para llegar al pueblo desde la Estación, puesto que se podía acercar uno con la mula del correo.

Los marcadores indican la situación de las Estaciones de Zújar y de Belalcázar con respecto al pueblo de Belalcázar.
También se puede observar la estación de ferrocarril más cercana a Hinojosa del Duque, "Marmol" que solo existe en el mapa, que yo sepa.

La vinculación del escritor con la localidad de Belalcázar –lugar de nacimiento de su padre– tiene su origen en la rama ganadera de la familia de Corpus Barga, que utilizaba los caminos de la Mesta para el pertinente traslado de los rebaños de ovejas de Castilla a Andalucía, y que acabó afincada en la zona, siendo su casa conocida como la «Casa Grande»; hoy en ruinas, como todos saben.

La "Casa Grande", una simple tapia que empieza a ser horadada por la higuera, asomada a la calle.

Cierto que algunos miembros de la familia se asentaron en el pueblo de Belalcázar por razones no ganaderas, como señala el mismo escritor en el periódico España 1919, núm. 233. Pág. 4: «Mi tío D. Rafael, el de los bigotes que hacían temblar a todo el pueblo menos a D. Alfonso, el de las monterías. Mi tío fue un calavera de los buenos tiempos de Madrid; debió de ocurrirle algún grave percance y hubo de retirarse al pueblo, donde disipó la fortuna como en una maldición». 

Aquí yacen los bigotes que hacían temblar a todo un pueblo.
(Enterramiento en el cementerio de Belalcázar de la familia de Corpus Barga)

Igualmente, incide en la desesperación de los empleados en Los pasos contados 4, concretamente en la pág. 37, en la que reproduce la conversación que mantuvo con un factor de tren cuyo destino era la estación de Belalcázar, quien le rogó que hiciera uso de su influencia para lograr otro destino. El hombre le dice a Corpus Barga: «Estoy solo. La mujer y los chicos tuve que enviarlos al pueblo. Dos me cogieron el paludismo. Esta es una estación de castigo y yo llevo aquí más de dos años. Si usted pudiera recomendarme en Madrid!».
Corpus Barga acaba convencido de lo desacertado de su decisión de llegar a Belalcázar a través de la estación de ferrocarril del mismo nombre, pues en 1964 –año en que escribe desde Lima sus recuerdos de sus estancias en el pueblo–, en Los pasos contados 4, al describir los trastornos que ha causado su llegada, por el alboroto que provoca entre los empleados y conocidos de la «Casa Grande», pues desde la estación tiene que recorrer los veinte kilómetros que le separan del pueblo a caballo, saltando zanjas, con riesgo de matarse, por lo que acaba reconociendo que: «Lo que yo he debido hacer, ahora lo veo, es no anunciar mi viaje y venir por Zújar. Hubiera llegado hasta aquí en la mula con el correo y las orzas de leche, si continúa habiéndolas» (pág. 58).
Para concluir, como hemos leído, la historia de Los Pedroches y su «quiero y no puedo» vinculado al ferrocarril, es mucho anterior a la reivindicación de una parada de AVE en Villanueva de Córdoba; al día de hoy, al igual que con las estaciones que rodean a Belalcázar, existe cierta distancia ente la estación de Villanueva y el pueblo; y más con el resto de los pueblos de Los Pedroches, así por ejemplo, hasta Hinojosa del Duque existen unos 50 kms. y a Belálcazar, unos 60 kms. En definitiva, una aventura como la de Corpus Barga en el siglo pasado.


Notas sobre bibliografía y fotografía:
  • La edición consultada de Los pasos contados 4 (Los galgos verdugos) es la segunda edición realizada por Alianza Tres, Madrid, 1979. 412 páginas. Por este volumen de sus memorias,  Corpus Barga obtuvo en 1974 el Premio de la Crítica.
  • Periódico: España 1919, 25 de septiembre. Madrid. Año V, Núm. 233. Seminario de la Vida Nacional.  
De la categoría de Corpus Barga como periodista y escritor es muestra que en ese mismo número escriben, entro otros, Miguel de Unamuno y Ramón Gómez de la Serna.
Para quien estuviere interesado en leer la totalidad del artículo de Corpus Barga, puede consultar el periódico en este enlace de la Biblioteca Nacional, propietaria del ejemplar.


Las fotografías que acompañan a este texto han sido realizada por la autora durante los días del 4 al 7 de septiembre de 2017.

sábado, 26 de agosto de 2017

Vídeo de la presentación de "Nueva carta sobre el comercio de libros"

Nueva carta sobre el comercio de libros 




Presentación en Casa del Libro de Alcalá de Henares.  (27 junio de 2014).

Presentación: Ana María Trillo.

Intervienen: Milagros Arranz, Sergio Arreita, Ana Belén Rodríguez Patiño, María Dolores de Medina (a partir del minuto 37, aproximadamente).

Defensa del libro y lucha contra la piratería, partiendo de párrafos de La Carta sobre el Comercio de Libros de Denis Diderot (1763). 


La piratería era algo que ya existía en el siglo XVIII.


www.youtube.com/watch?v=bfzGofe9RRo27

miércoles, 23 de agosto de 2017

Cementerios de Los Pedroches (Córdoba). Nota II: Apuntes sobre el Cementerio de Villanueva del Duque


© María Dolores Rubio de Medina, 2017

Estas notas proceden de mi «Cuaderno de Campo» y fueron tomadas durante una visita realizada al cementerio el 1 de julio de 2014, circunstancia que aclaro puesto que las observaciones «oculares» del cementerio podrán no coincidir plenamente con la situación actual del mismo, puesto que a finales de 2016 comenzó una obra  de ampliación de nichos, columbarios y acerados del Cementerio Municipal de Nuestra Sra. de Guía, de Villanueva del Duque (Córdoba). 

Entrada del Cementerio de Nuestra Sra. de Guía.

Mi visita obedecía a la información oral que me habían transmitido sobre las tumbas de la localidad, me las habían descrito como monumentales, en comparación con otros cementerios de Los Pedroches. Durante la misma, traté de comprobar la utilidad del uso del suelo del cementerio, puesto que en muchos de los pueblos de Los Pedroches ha perdido su prestigio o interés, hasta el punto que se entierra en nichos de pared. Es este mismo blog ya realicé otra entrada con apuntes tomados de las visitas realizadas a varios cementerios, centrándome en la búsqueda de «cruces de hierro rizadas».


Me interesa destacar que durante la visita al cementerio de Villanueva del Duque me sorprendió el entorno, no era triste ni apartado. Los dos caminos de acceso al mismo no son los típicos «caminos solitarios para los muertos», poco frecuentados, salvo los días de entierro. Existe cierto tránsito de personas y vehículos. La razón no dudo en situarla en la veneración a la Virgen de Guía, cuya ermita está situada junto al cementerio, como puede observarse en la fotografía área tomada de Google maps. No se tiene certeza sobre los años de la construcción de la ermita, que se sitúa entre los los siglos XII-XVIII. 


El camino al cementerio —y a la ermita— puede realizarse por un precioso paseo peatonal —de unos ochocientos metros— jalonado de árboles; o a través de una carretera paralela que lleva directamente al cementerio, la cual sirve, igualmente, de acceso a la ermita. 



La planta del cementerio es casi rectangular —uno de los lados del «rectángulo» es más largo que el otro, con lo que uno de los extremos del cementerio finaliza en vértice—. Desde la puerta de entrada, el trazado desciende en ligera pendiente. El espacio existente entre las cuatro tapias se encuentra delimitado por un camino central que llega hasta el sector «virgen» de la tapia del fondo y tres caminos o veredas paralelos a la zona de puerta de entrada. Desde el aire, se aprecia la distribución del cementerio dispuesto en siete sectores diferentes, los seis primeros cubiertos de gravilla y el sector acabado en vértice del fondo, de piso de tierra.

Delimitación de los espacios del cementerio,
sobre imagen área de Google Maps.

En una observación superficial, los rasgos que diferencian este cementerio con respecto a otros de la comarca son los siguientes: 

1. Tiene una estructura muy ordenada, tanto en la arquitectura como en la disposición de las tumbas y los espacios. Arquitectónicamente, como se ha indicado, se encuentra perfectamente cortado en seis recuadros marcados con pasillos de terrazo, cuyos confines son remarcados por hileras de cipreses; a los que se añade el séptimo espacio, junto a la tapia del fondo.

Tres de las cuatro paredes que forma el amplio «rectángulo» —la excepción es la pared del fondo, una tapia blanca situada frente de la puerta de entrada— están cubiertas de hileras de nichos. La pared del fondo es una tapia blanca. Posee, en consecuencia un rasgo que contracta con otros cementerios, como por ejemplo, el de Fuente la Lancha, puesto que es ampliable dentro de los muros del recinto, especialmente por el fondo.

2. Destaca por la monumentalidad de sus panteones, especialmente los del primer sector —el más cercano a la puerta de entrada—, especialmente en la zona o recuadro de la izquierda. Sobre el suelo cubierto de gravilla blanca se alzan los panteones familiares, de estructura simple pero construcción grande y sólida, algunos de ellos, aproximadamente de unos cuatro metros de ancho, puesto que caben ampliamente 3 ataúdes juntos. 
La parte noble y más significativa es la correspondiente al primer sector; los otros dos sectores —los 4 recuadros siguientes vistos desde el aire— albergan escasas tumbas con cruces de hierro, pues se opta por adquirir nichos de pared, más económicos.

Panteones familiares de granito.

En este primer sector, el la parte de la izquierda existen, al menos, unos 29 panteones o mausoleos, que son una rareza en otros pueblos. Se puede deducir que, como en Belalcázar, el enterramiento en el suelo del cementerio es símbolo de prestigio. Estas construcciones funerarias suelen tener la leyenda de «panteón familiar», escrito sobre la base de la cruz. Los apellidos de las familias aparecen separados por un guión, por ejemplo: «Esquinas-Medina», «Fernández-Sánchez», «Sánchez-Medina». Sobre la lápida o tapa del panteón se escribe el nombre de las personas enterradas, utilizando, por lo común, esta fórmula:

NOMBRE + APELLIDOS + FECHA FALLECIMIENTO + EDAD DEL FALLECIDO.

Por ejemplo: 
«Ana Sánchez Márquez
7-1-1999 de 92 años»

La sobriedad y severidad de los datos escritos sobre las lápidas se dulcifican cuando se trata de niños, como por ejemplo:

«Emilita Leal Benítez
25/10/1933
26/6/1942»

3. Sobresale por la riqueza de los materiales utilizados para construir los panteones y por su gran tamaño, lo que es posible por tratarse de un cementerio muy amplio, que no tiene problemas de espacio entre sus muros. 

En alguna ocasión he escuchado a alguna persona mayor aventurar que la riqueza y monumentalidad de los panteones de Villanueva tiene relación con el poder adquisitivo que disponían las familias que trabajaban en las minas de la localidad.

El material utilizado para la construcción de los panteones es, principalmente, el granito, muchas de los panteones son de granito  sin pulimentar, salvo la tapa o lápida del panteón, donde se graban o insertan las letras de los rótulos identificativos. En menor medida, también existen panteones de mármol.

Estos enterramientos se elevan unos 30 ó 50 centímetros. sobre el suelo y se encuentran rematados por una imponente cruz de granito o de mármol, de aristas cuadradas o redondeabas, raramente de metal. Lo común es la sobriedad de la cruces; aunque, a veces, tienen intrincadas esculturas que combinan elementos, como vegetales y ángeles.

Uno de los escasos panteones rematados con esculturas.


Los enterramientos situados en el suelo correspondiente al primer sector, o los primeros recuadros, están dispuestos con los pies mirando a la puerta de entrada; lo que, en principio, es algo sorprende puesto que la veneración religiosa hacia la Virgen de la Guía pudiera hacer pensar que podrían estar orientados mirando a la ermita. 


Para finalizar, se concluye con la observación de que, a día de hoy, las tumbas o enterramientos en el suelo rematados con cruces de hierro son muy escasas, siendo más abundantes en el segundo sector, especialmente en su parte derecha. Existen varias tumbas cercadas por una barandilla de hierro, muy semejante a las cunas infantiles del XIX o primera mitad del XX, datando alguno de estos enterramientos del año 1943. La mayoría de las cruces o tumbas se encuentran gastadas, olvidadas y oxidadas, hasta el punto que no se pueden leer las inscripciones que constan en las mismas. Una de estas cruces recuerda a la pureza de las líneas del art-deco, aunque es de fecha anterior a este estilo. Se trata de un enterramiento de 1915, que tiene unas características propias y diferentes de todo el resto de los enterramientos de este cementerio y que corresponde a una mujer que falleció cuando contaba 20 años de edad.

Tumba con cruz de metal de 1915.


jueves, 17 de agosto de 2017

El renacimiento cultural de Belalcázar... y de sus vecinos



© María Dolores Rubio de Medina, 2017

El pasado 13 de agosto de 2017, asistí a la representación popular de la obra teatral del autor Francisco Benítez —excelente homenaje en el año de su fallecimiento—, titulada: El Halcón y la Columna, al hilo de la cual realizo esta entrada.
La representación se engloba dentro de las iniciativas de participación popular que están tan arraigadas en los pueblos del norte de Córdoba. Estas actividades están potenciando la cultura y el turismo rural a través del esfuerzo colectivo de sus habitantes, que dedican su trabajo personal (horas de ensayos, de montaje, etc., en definitiva, de colaboración colectiva muy bien capitalizada desde la Corporación local que financia la mayor parte del presupuesto para sacar adelante la obra) y económico a un objetivo común, logrando con ello, la satisfacción de sus habitantes, al tiempo que ponen el nombre de su pueblo, durante unos días, en la diana de las noticias de verano, logrando atraer visitantes foráneos.
Entradas
Monasterio Santa Clara de la Columna, Patio de la Huerta.
La línea temporal de la obra El Halcón y la Columna, abarca a un período de unos cincuenta años (siglo XV); por su parte, la línea argumental principal se centra en relatar el auge, la consolidación y la caída de don Alonso de Sotomayor, Señor de Belalcázar. La consolidación del poder es abordada por este personaje como la conquista de un imperio: es decir, arrebatando las tierras de otros para engrandecer las propias, en este caso, las del Monasterio de Guadalupe. Esta expansión del patrimonio propio provoca el enfrentamiento de don Alonso con el poder religioso, por lo que es excomulgado, antes de perder la vida en manos de su propio halconero. Este Señor que representa al poder terrenal se simboliza a través del halcón al que se refiere el título de la obra; siendo su mujer, doña Elvira de Zuñiga, el dique contra el que chocan las ansias de poder del esposo, al que reprocha sus excesos, al tiempo que procura que los hijos de ambos se encaminen por senderos en los que no tengan que engrandecer su poder a costa de arrebatar el patrimonio de otros. La lucha emprendida por doña Elvira está representada en el simbolismo de la columna —un trozo de columna manchada por la sangre de Cristo—, piedra sobre la que se asentará la fundación del Convento de los Franciscanos, más tarde Convento de Santa Clara de la Columna; y tiene su desenlace cuando Gutierre, el primer Conde de Belalcázar, opta por abrazar la vida religiosa —la columna— y rechazar la vida terrenal —el halcón— cediendo el Condado a su hermano; quedando para la historia con el nombre de Fray Juan de la Puebla, fundador de la Santa Provincia de los Angeles.

Escenas de baile y cante, en la primera parte.

La obra teatral, excelentemente representada por unos 150 vecinos de la localidad de Belalcázar y magistralmente dirigida por Javier Ossorio, fue representada durante cuatro días (del 10 al 13 de agosto), con aforo completo, asistiendo más de 800 espectadores cada día. Entre tantas cosas, destaco la maravillosa puesta en escena y la sobriedad de sus decorados que aprovechan la disposición natural de las arcadas del patio interior del Monasterio de Santa Clara de la Columna, en la zona que da al amplio Huerto. El juego de luces y la atmósfera creadas por los escasos recursos disponibles (luces y humo proyectadas sobre el conventual edificio) se veía potenciado por un sonido excelente que permitía seguir sin dificultad los diálogos; así como por el buen hacer de una orquesta barroca, una de las innovaciones de este año. 

Orquesta barroca.
El colorido y acertado vestuario, junto con la cuidadosa recreación de la vida del siglo XV, muy lograda al desfilar por el escenario, soldados, gentes del pueblo, mancebas, grupos de baile, diversas monturas y un halcón, animal que sobrevuela sobre el público, hacían muy creíble toda la obra, a pesar de tratarse de actores no profesionales. Toda esa puesta en escena provocaba el interés de los espectadores, los cuales permanecían atentos a lo que ocurría en el escenario hasta el desenlace.

La despedida de todos los participantes en la obra,
incluyendo los que permanecen tras el escenario y las autoridades locales.

Conviene señalar que en El Halcón y la Columna no nos encontrábamos ante una historia como las demás, de esas que finalizan cuando cuando cae el telón. Los espectadores no asistimos sólo a la representación de una obra de teatro popular en la que no hay que plantearse grandes cuestiones, puesto que, aunque lo es, no era sólo entretenimiento. Ante nuestros ojos se representó nuestra historia, el origen del sistema administrativo —vinculado a la provincia de Extremadura hasta el 1830/1833— y el triunfo del sistema religioso —vinculado desde siempre al Obispado de Córdoba—; los dos polos sobre los que se asienta la estructura política, cultural y social actual de la Comarca, aunque ya estemos en el siglo XXI. La razón se encuentra en que los espectadores conocían el desenlace de esa historia, la que sucedió después de culminar la construcción de esa «torre alta para poder mirar el sol cara a cara», la cual dio origen al desparecido Condado de Belalcázar —como estructura política administrativa propia—. 
Al día de hoy, el «Bello Alcázar», esa torre magnífica rodeada de una cadena de piedra, es un mero decorado vacío, como de cartón, que llena el horizonte; mientras que el Convento, al que se ha visto, no hace mucho tiempo con los techos caídos, continúa siendo un lugar donde crecen las vocaciones y la historia viva, como se descubre en la Exposición dedicada a Fray Juan de la Puebla
Cartel oficial de la Exposición "EnAmorArte", dedicada a Fray Juan de la Puebla.
Interior del edificio superior del Convento.
A través de estas iniciativas, la gente se ve inmersa en la lenta recuperación de una parte del esplendor del pasado. Por eso, no solo asistimos a la representación de una obra teatro sino al desarrollo de nuestra historia, hasta el punto que con la caída del telón, te inunda un gran desasosiego, cuando reparas que en la batalla entre el poder terrenal (el halcón) y el celestial (la columna), las pequeñas edificaciones destinadas a albergar el desarrollo del espíritu, son las que han sobrevivido, una vez que lograron sobreponerse a la pérdida del pequeño poder terrenal que sostenía al Monasterio, ocasionado por la desamortización de las tierras y otras desgracias, como la devastación provocada por los franceses y la Guerra. 

El Castillo, símbolo del poder terrenal del Condado de Belalcázar.

Hoy, ni siquiera el título del Condado Belalcázar se conserva en manos de las grandes familias de la nobleza que tuvieron vínculos reales con la zona, a diferencia del Monasterio, que continúa siendo un referente vivo y que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Ha continuado con sus tradiciones (la autosubsistencia mediante los productos de la huerta y la venta de repostería) y ha impulsado novedades al abrir las cerradas puertas de un edificio de clausura para mostrar las maravillas artísticas que alberga y  permitir la realización de representaciones, con la finalidad de reinvertir el excedente en el mantenimiento del propio edificio.

Camino de acceso al Monasterio.

Exterior de la iglesia del Monasterio de Santa Clara.
El renacimiento cultural de Belalcázar es uno de los rasgos distintivos que se están produciendo en Los Pedroches, donde las corporaciones locales son conscientes del hecho diferencial, el cual permite generar cierta economía que se basa en resaltar lo propio, vinculándolo a la cultura como medio de atraer los visitantes. Por ello es esencial que las obras populares no coincidan en el mismo año y en el mismo mes, como ocurría con El Halcón y la Columna y La vaquera de la Finojosa; si bien, aunque por razones de presupuesto es poco menos imposible que puedan representarse cada año, si sería deseable que algunas escenas o partes de las mismas se representaran con más regularidad en ambientes más reducidos y para menos espectadores para generar un flujo de visitantes más continuo. No tiene sentido que pueblos agrícolas y ganaderos, como ha sido tradicionalmente la zona de Los Pedroches —salvo Pozoblanco—, compitan entre sí en actos culturales arrebatándose «los cinco minutos de gloria» a los que todos tenemos derecho, según Warhol, y compitan durante unos días compartiendo las noticias de los escasos diarios en papel que continúan editándose y en los noticiarios de las televisiones locales y nacionales. El esfuerzo colectivo, en el que Belalcázar ha sido un referente culminando de forma muy satisfactoria la tarea que se había impuesto, debería de seguir potenciándose de forma, igualmente, colectiva, para sobrepasar los límites municipales y abarcar a una zona más extensa, porque cómo ocurre en la obra teatral, poner la atención en un símbolo del poder religioso, el Monasterio de Santa Clara —al menos hasta que, por fin, culmine de alguna manera la reconstrucción del Castillo de los Sotomayor—, redunda en la prosperidad del poder terrenal y de sus vecinos. No nos olvidemos de esa necesidad, pues todos los habitantes del Condado de Belalcázar somos pueblos candidatos a incrementar la lista de los pueblos de la España vacía.

Por eso, para llenar la Comarca, allí estaremos cuando al año que viene —o dentro de cuatro años— se vuelva a levantar el telón, ocupando esas butacas.